domingo, 26 de febrero de 2012

Hurme

Hurme.


El último tramo del camino se hizo extremadamente largo, Smaragdi y Lumi iban delante, preparadas para atacar si fuera necesario, Arvo las seguía de cerca, absorto en sus pensamientos, los cuales tenían que ver con lo que había dicho la maga, ¿tendría razón? O lo que era más importante: ¿Tendría alguna oportunidad de vencer? No lo sabía, pero lo más probable era que su esfuerzo fuera en vano, una banda de rebeldes no podría vencer al enorme ejército del rey. Adam pisaba el suelo fuertemente con cada paso, quería demostrarle a todos cuan de grande era su enfado, también quería darle una brutal paliza a Ikonen y encerrar a su hermana en una habitación sin ventanas, para que no pudiera verle más, el simple hecho de que Arvo y Valo se pusieran de parte de aquel imbécil hacía que le hirviera la sangre. ¿Es que estaban sordos? ¿No oían las múltiples burlas que decía y dice sobre ellos? Resopló como un toro bravo y la enorme felina giró rápidamente la cabeza para ver qué había sido aquel ruido, se encontró con una fría mirada gris, que la observaba duramente, cuando los humanos adultos se comportaban como cachorros, era mejor no decirles nada; Ikonen caminaba distraído, mirando disimuladamente a Valo cuando tenía oportunidad, la odiaba, con toda su alma, desearía poder hacerla sufrir, como él estaba sufriendo, quería hacerla pagar por lo que estaba despertando en su interior; la chica rubia caminaba mirando al suelo, pensaba en Lumi, en Smaragdi y en la magia de la primera, la envidió, y luego pensó en Aleksi, quería decir en Ikonen; parecía tener un trastorno bipolar: que si ahora la besaba, que si la insultaba, que si luego la defendía, que si al rato se reía de ella en sus narices…  Le odiaba, o bueno, eso creía ella, aunque poco a poco se iba dando cuenta de que el odio que le habían inculcado sus hermanos, no era más que resentimiento, si le hubiera odiado no le hubiera defendido de Adam, ni le hubiera acompañado a su casa y por supuesto, no habría dormido con él para protegerle del frío; además, se estaba acostumbrando a su compañía, a sus comentarios ofensivos y a las penetrantes miradas que le otorgaba, sí, estaba claro que lo que ella había considerado odio toda su vida, que en realidad había sido recelo y resentimiento, estaba dando paso a un extraño… Cariño, y eso la asustaba mucho, muchísimo.
Con cada paso, las casitas dejaban de ser simples manchas en el paisaje blanco, su forma se iba definiendo y el humo negro que salía de ellas se hacía más notable. Arvo suspiró aliviado al divisar la casa de Laila –su casa estaba un poco más alejada del resto– y sonrió levemente pensando en la chica, era una joven agradable y sus padres habían hablado de casarles, pero a Arvo no le atraía, tal vez porque era demasiado joven para él o porque no se había planteado casarse aún.
    —¿A qué te dedicas?
La suave voz de Lumi le trajo al presente, ella no le miraba pero se estaba refiriendo a él, lo sabía.
    —Soy aprendiz de herrero —dijo él vacilante—. Ayudo a mi padre y espero poder llegar a ser como él.
    —¿Es una profesión importante entre los tuyos? —preguntó Lumi, mirándole de reojo.
 Arvo se rascó la cabeza.
    —Bueno, sí. Se fabrican armas y otros objetos de metal.
Lumi sonrió levemente mientras le miraba.
    —En Metsänellver también hay herreros.
    —Lo sé, he oído hablar de las espadas que fabricáis
Ella asintió, orgullosa.
    —Son bastante diferentes a las vuestras. Nosotros empleamos magia y nuestras armas suelen ser más finas, parecidas a las de los elfos, también son más manejables y eficaces.
    —Mi padre tiene una espada de esas —dijo Aleksi—, fue un regalo.
    —¿Tu padre ha tenido contacto con los nuestros? —preguntó incrédula.
    —Sí.
    Los magos de Metsänellver no suelen relacionarse con las otras razas, es raro que tu padre tenga una de nuestras espadas.
    —Más raro es que haya entablado una amistad con un mago de Metsänellver.
Aleksi se encogió de hombros y miró con arrogancia a Adam.
    —Es que mi padre es alguien importante —dijo con sorna, Adam resopló—. Mi familia es la más rica de la zona.
    —¿Sí? —Preguntó Lumi— ¿Y a qué se dedica?
    —Es mercader, viaja mucho y ha conocido a multitud de gente, también ha viajado por las tierras que habitan los magos como tú, ahí fue cuando trajo la espada a casa.
    —Vaya, que suerte. Es fabuloso poder viajar por el mundo —la chica sonrió—. Me gustaría poder hacerlo.
    —Pero si ya lo estás haciendo —intervino Adam—, tú has viajado hasta aquí desde los Bosques del Norte.
Ella le miró.
    —No es lo mismo. Yo no viajo por gusto.
Un silencio incómodo se formó entre ellos, hasta que fue interrumpido por la voz de Valo. La chica rubia salió corriendo en dirección a su hogar, tiraba con energía del caballo, parecía que el animal no quería regresar a su mugrienta cuadra. Ella corría feliz, gritando por fin de vez en cuando, cada vez estaba más cerca y eso hacía que su grado de euforia aumentara velozmente.
    —¡Valo! —gritó Adam.
Oyó que la llamaban desde atrás, pero ella hizo oídos sordos y se dirigió rápidamente a su casa, quería ver a sus padres, necesitaba oír sus voces, aunque fuera para reprenderla por haber pasado la noche en el bosque. En una parte de su recorrido, Nougat se frenó en seco y empezó a cabecear, Valo, irritada, tiró fuertemente de la cuerda que llevaba el caballo, provocando que este se pusiera de manos relinchando fuertemente, ella cayó al suelo de culo mientras veía como Nougat se alejaba por dónde habían venido. Farfullando maldiciones se levantó y se sacudió la nieve, miró el lugar por el que se había escapado su semental blanco y se acordó de sus hermanos, ya deberían haber llegado a donde estaba ella. Frunció el ceño y le restó importancia, ya llegarán, se dio la vuelta y echó a andar de nuevo.
Cuando divisó su casa, corrió hacia ella como alma que lleva el diablo y entró por la pequeña puerta como una exhalación.
    —¡Madre! —Gritó feliz— ¡Padre! ¡Hemos vuelto!
La única respuesta que recibió la chica fue un intenso silencio.
    —¿Madre? —dijo más alto.
Esperó un par de minutos antes de volver a llamarles otra vez, pero no recibió respuesta, bueno, no le extrañaba, estarían trabajando.
Salió en dirección a la pequeña casa donde trabajaba su madre, pero al llegar, su madre no estaba allí, eso era poco común, pero seguro que estaba en la herrería con su padre. Salió cerrando la puerta lentamente y se dirigió vacilante a la forja de su padre. Atravesó una estrecha calle y luego salió a una que llevaba a la plaza de Sanum, Valo iba caminando distraída, por eso no se extrañó cuando se tropezó y cayó al suelo, emitió una maldición y al incorporarse y levantar la mirada, se encontró con una horrible escena; un grito desgarrador salió de su garganta y no cesó hasta que su voz se quebró. Tomó aire, y volvió a grita más fuerte mientras sus enormes ojos azules se llenaban de lágrimas; temblaba violentamente y estaba paralizada, delante de ella, había una enorme pila de cadáveres; la nieve de su alrededor estaba pisoteada y llena de sangre y barro, entre los cuerpos inertes, pudo diferenciar a Laila Alho, a Sami Autio y a su mujer, a una niña rubia hija de una amiga de su madre y a su padre. No podía apartar la mirada aunque era lo que más deseaba hacer, ni siquiera lo hizo cuando notó como Smaragdi la subía sobre su lomo y la alejaba de allí a gran velocidad; reaccionó por fin cuando una lanza pasó rozándolas y la kissasuuri emitió un gruñido grave con la garganta al verse rodeada por cinco hombres armados y ataviados con una cota de malla; eso no hubiera supuesto ningún problema para ella, pero ahora llevaba a una niña asustada y trastornada en la espalda, lo único que pudo hacer fue llamar a Lumi.
    ¡Lumi! ¡Necesito que vengas! ¡¡Date prisa!! ¡No sé cuánto tiempo podré aguantar!
Smaragdi no recibió una respuesta por parte de la maga, pero al poco tiempo, una ráfaga de luz blanquecina arrolló a tres de los hombres, haciendo que los dos restantes se lanzaran contra ella y contra Valo. Buscó desesperada a Lumi y al no verla, echó a correr en la dirección opuesta a la de los soldados, corrió todo lo rápido que pudo, pero no fue suficiente, una lanza le había alcanzado y se había clavado profundamente en su pata trasera derecha, gritó de dolor mientras ella y Valo caían al suelo sin poder remediarlo, la nieve de su alrededor estaba llena de su sangre y de pelo rubio, la chica estaba tirada a su lado, aparentemente, inconsciente.
    —¡Smaragdi!
La kissasuuri alcanzó a oír la voz desesperada de Lumi, estaba perdiendo sangre a una velocidad peligrosa y todo lo que estaba a su alrededor empezó a ser borroso, intentó levantarse, pero fue en vano, le dolía demasiado y no tenía fuerzas para hacerlo, se temía lo peor. Entonces, de manera involuntaria, cerró los ojos.

Abrió los ojos lentamente, le dolía la cabeza como si le hubieran aporreado con un martillo y notó que tenía una tablilla en la muñeca izquierda, desconcertada, intentó moverla, pero soltó un quejido al hacerlo, tenía un hueso roto. Miró al techo, pero no reconoció el lugar en el que se encontraba, estaba cansada y le dolía todo el cuerpo. Oyó un leve suspiro, entonces se dio cuenta de que en una esquina de la pequeña habitación, había una sombra. Reconoció los anchos hombros de su hermano mayor, estaba sentado en un viejo taburete, con la espalda apoyada en la pared y la cabeza gacha.
    —Arvo —Valo se sorprendió a sí misma cuando oyó su voz. El chico reaccionó cuando escuchó su nombre y levantó la cabeza para mirar a la chica.
    —Valo —se levantó despacio, en su rostro se formó una mueca de dolor y Valo pudo apreciar que tenía una venda llena de sangre en el brazo derecho—. ¿Cómo estás?
La chica cerró los ojos con fuerza, sus ojos se humedecieron velozmente cuando vio a su hermano, una fugaz imagen se formó en su mente.
    —No lo sé.
Él no dijo nada, se limitó a observar a su hermana pequeña, todavía no podía creerse lo que había sucedido.
    —Yo tampoco termino de creérmelo, Valo.
Valo le miró, una lágrima se resbaló por su mejilla.
    —¿Qué vamos a hacer ahora? —Sonaba desesperada—. No tenemos ningún lugar al que ir.
    —No te preocupes por eso ahora, Valo.
    —No puedo pensar en otra cosa, Arvo. ¡Estamos solos!
La joven comenzó a sollozar escandalosamente, provocando que su dolor de cabeza se acentuara más.
    —¿Dónde estamos? —Dijo cuando estuvo un poco más calmada.
    —En casa de Ikonen. Estaremos aquí hasta que estéis bien, luego nos iremos.
    —¿Estemos? ¿Acaso Adam está herido? —Preguntó nerviosa.
Arvo negó rápidamente.
    —No, no, solo tú y Smaragdi, gracias a ella y a Lumi, tú estás bien.
    —¿Qué le pasó a ella? —Su voz se quebró de nuevo y absorbió fuertemente por la nariz.
    —Le clavaron una lanza —Valo se llevó una mano a la boca—, pero no te preocupes, Lumi intervino a tiempo, está bien, un poco cansada, pero bueno, podría haber sido peor.
Valo se incorporó levemente, pero desistió poco después al notar un fuerte pinchazo en la espalda. Nunca se había sentido peor, ni física ni psicológicamente.
    —Bueno, será mejor que me vaya y que te deje descansar.
    —¡No! —Gritó—. ¡No me dejes sola, por favor Arvo! —Suplicó ella.
    —Más tarde vendré a verte, ahora necesitas descansar —y dicho aquello, se acercó a Valo y le dio un beso en la frente.
Arvo salió cerrando tras de sí, no podía más, y, apoyándose en la tallada puerta, se derrumbó. Su vida tranquila y sin preocupaciones se había esfumado tan rápido como la arena entre los dedos, y había entrado en el mundo de los adultos de manera brusca, arrastrando a sus hermanos con él. El haber visto a todos los habitantes de su pueblo, muertos, amontonados como animales, le había arrebatado su inocencia, a él, a Valo y a Adam. Si no hubiera sido por la maga, ellos habrían corrido la misma suerte que sus difuntos padres, nunca podría agradecerle que les hubiera salvado la vida.
    —Arvo.
El chico se limpió las lágrimas rápidamente con la sucia manga de su camisa y miró fijamente a Lumi, ésta tenía el rostro tenso y se le habían marcado unas arrugas en la frente, provocadas por la angustia y la preocupación.
    —¿Cómo está?
    —Mejor de lo que esperaba —respondió secamente, aunque no era su intención ser grosero.
    —Me alegro —sonrió levemente—, he preparado té, te vendría bien tomar algo caliente, tu hermano y Aleksi ya están allí.
    —Gracias —le sonrió.
    —Vamos.
Y dicho aquello, la morena le guió hasta la cocina.
Al llegar vio todo el suelo manchado de sangre y encima de la enorme mesa de madera de roble, estaba tumbada Smaragdi, respirando pesadamente. Tenía una profunda herida de la que brotaba un pequeño hilo de sangre oscura, las pequeñas gotitas rojas, resbalaban hasta llegar al suelo, formando un enorme charco de sangre, Arvo la miraba fijamente. Adam y Aleksi estaban sentados al lado de la lumbre, cubiertos con una manta y sosteniendo una taza de té humeante cada uno, Adam estaba cabizbajo, a diferencia de Aleksi, que tenía la mirada puesta en algún punto fijo de la habitación.
    —¿Cómo está?
Lumi sonrió débilmente mientras le servía un poco de té en una tacita blanca.
    —Ha tenido momentos mejores —dijo lentamente, intentando contener el llanto—, pero siempre ha sido muy fuerte, esto no podrá con ella.
    —Lumi —ella le miró—, haré lo que pueda para que se ponga bien, tú solo dímelo e intentaré hacerlo.
    —Gracias, Arvo, eres una gran persona.
Él negó.
    —Se lo debo, os lo debo a ambas. Nos habéis salvado la vida.
    —Bueno, es mejor morir ayudando a otros que morir intentando salvar tu pellejo.
Durante unos minutos, el silencio invadió la estancia, lo único que se escuchaba eran las gotas de sangre al impactar contra el suelo.
    —¿No sería mejor que le pusieras una venda? Así cortaría la hemorragia.
    —No, debe estar al aire, así la herida cura mejor.
    —Pero es malo, está perdiendo sangre.
    —Lo sé —dijo tranquila—, pero el aire elimina las bacterias, ha de estar así toda la noche, mañana le aplicaré un ungüento curativo, eso hará que la herida no tarde en cicatrizar. Siempre se hace así en Metsänellver.
Arvo dirigió su mirada hacia Lumi y tomó la taza que sostenía entre las manos.
    —Hawke —Lumi y Arvo se giraron al oír la voz de Aleksi—. ¿Cómo está tu hermana?
    —Bueno, está mejor de lo que esperaba.
    —¿Te importa si voy a verla? —su voz sonaba temerosa y temblaba ligeramente.
Arvo negó sorprendido, y Lumi y él observaron como Aleksi, cojeando, se dirigía a la habitación de Valo.
A pesar de que Adam estaba despierto, no replicó ante la petición de Aleksi, simplemente  se limitaba a observar el líquido amarillento que contenía su taza, demasiado contrariado como para decir o hacer nada.
Aleksi estaba con la mano en alto frente a la puerta de invitados de su casa, dudando de si tocar o entrar sin llamar, al fin y al cabo estaban en su casa, optó por la segunda opción y entró sin más. Valo estaba recostada en la cama, con los ojos cerrados y algún que otro pelo rubio pegado a la cara a causa de las lágrimas, tenía las manos en el regazo, por fuera de las mantas y respiraba lentamente, él cerró la puerta sin hacer ruido, mientras la miraba sin apenas respirar, y luego acercó el taburete a la cama, se sentó y se puso a observarla en silencio. Valo abrió un ojo y miró a Aleksi fijamente.
    —Siento haberte despertado.
    —No lo has hecho, ya estaba despierta.
Él asintió lentamente, sin saber muy bien qué decir, hubiera preferido que ella estuviera dormida.
    —¿Cómo te encuentras?
    —¿Cómo crees que me encuentro, Ikonen?
    —Ya—murmuró despacio—. Siento lo de tus padres.
Valo desvió la mirada.
    —Yo también lo siento—respondió en bajo.
El silencio hizo acto de presencia pero fue interrumpido cuando Aleksi habló de nuevo.
    —¿Te duele la mano? —señaló su muñeca.
    —No, solo cuando la muevo.
De nuevo, el silencio invadió la habitación, pero no era un silencio incómodo, sino todo lo contrario.
    —Bueno —dijo él—, lo mejor será que me vaya.
    —Quédate —pidió Valo—, por favor, no quiero estar sola.
    —Pero…
    —Por favor —dijo poniendo su mano sana sobre la suya.
Aleksi asintió en silencio y observó cómo, poco a poco, Valo iba cerrando los ojos para sumirse en un tranquilo sueño, estuvo a punto de irse, pero prefirió quedarse a su lado, para que cuando ella se despertara, supiera que había estado a su lado todo el tiempo, sin haberla dejado sola.

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