Tras
su encuentro con el odioso de Ikonen, Valo se encaminó a su casa. Se le había
hecho tarde, muy tarde. Se apresuró para llegar cuanto antes a su casa, pero
una fuerte mano le agarró de la muñeca, haciendo que la joven, perdiera el
equilibrio y cayera sobre su captor.
—¡Adam! ―dijo sorprendida―. ¿Qué haces?
Su
hermano la miraba, parecía enfadado, y no era para menos, acababa de ver a su
dulce hermanita volviendo de Dios sabe dónde con el idiota e insoportable de
Aleksi Ikonen. La soltó bruscamente y la miró furioso, como si estuviera
reclamándole algo.
—¿De dónde vienes? ―espetó el castaño,
apretando la mandíbula.
Valo
se puso pálida y rígida, se habían enterado de que era una mentirosa y de que
se había adentrado sola en el bosque.
—Pues, de dar una vuelta ―agachó la cabeza
y se empezó a retorcer las manos, nerviosa y asustada por la reacción de Adam.
—Ya, de dar una vuelta ―escupió amargamente
el chico―. ¿Siempre vas a dar vueltas,
acompañada de ese idiota?
La
chica levantó rápidamente la cabeza, no sabía a qué se refería su hermano y sus
ojos parecieron delatarla, ya que él rió irónicamente –intentando camuflar su
enfado– y respondió, más furioso que antes.
—No me mires así, te he visto. A ti y a ese
idiota de Ikonen.
Ella
reaccionó al instante, ¿su hermano se pensaba que ella e Ikonen habían…?
—¿Qué? ¡No! ¡Yo solo fui al bosque
siguiendo unas huellas y él me siguió a mí, me asusté, eché a correr y él
corrió detrás de mí, nos alejamos demasiado y no sabía cómo volver así que
vinimos juntos y ya está! ―se tapó la boca con las manos al darse cuenta de su
error. Lo había dicho todo sin pensar, su plan de mantener en secreto su visita por el bosque se había ido al
garete y todo había sido culpa del dichoso Aleksi Ikonen. Le odiaba, con toda
su alma.
—¿¡Pero te has vuelto loca!? ―le gritó
Adam, completamente furioso― ¿¡Cómo se te ocurre ir al bosque en un día como
hoy!? ―el chico hacía aspavientos exagerados con los brazos mientras gritaba a
su hermana― ¡Encima tú sola! ¡Imagina que te hubiera pasado algo, Valo! ¿¡Cómo
lo hubiéramos sabido!? ―tomó aire y se giró agarrándose del pelo de forma
desesperada, luego, se giró de nuevo para encarar a su hermana― No podríamos haber hecho nada por ti, te
llega a pasar algo y…
—Pero no le pasó nada.
Los
dos hermanos se giraron sorprendidos y se sorprendieron aún más al encontrarse
de frente con Aleksi Ikonen.
—¿Qué diablos haces aquí, Ikonen? ―gritó el
castaño, furioso y amenazante―. Nadie ha pedido tu opinión.
Él
sonrió cínicamente.
—¿Así es cómo me agradeces el que haya
salvado a tu hermana, Hawke?
Adam
cerró los ojos y apretó las manos en forma de puño, tenía ganas de partirle la
nariz a alguien, y Aleksi tenía todas las papeletas de sufrir la ira del chico.
—¿Qué pasa aquí? ―Arvo se acercó lentamente
a ellos, llevaba puestos unos enormes guantes y sujetaba unas extrañas pinzas
con la mano izquierda, su pelo estaba revuelto y tenía el ceño fruncido.
—El idiota de tu hermano es un
desagradecido ―sonrió―, a pesar de vuestra posición social, pensaba que
vuestros padres podrían haberos enseñado modales―siseó Aleksi.
—Retíralo —exigió Adam.
—¿Por qué? —Aleksi desvió su mirada hacia el
joven y sonrió más al ver su expresión—. ¿Acaso he dicho alguna mentira, Hawke?
—¡Condenado hijo de puta —gritó dando un
paso hacia delante—, te mato!
Y
dicho aquello, Adam se lanzó hecho una furia sobre Ikonen, derribándole y
asestándole un fuerte puñetazo en la cara. El rubio gritó de dolor, y antes de
que ninguno de los dos pudiera hacer nada, Arvo sujetó fuertemente de las
muñecas a su hermano y tiró de él.
—¡Suéltame! —Gritó Adam mientras se
revolvía entre los brazos de Arvo—. ¡Voy a darle su merecido a ese malnacido!
Valo
observaba la escena asustada y en silencio, su hermano era impulsivo por
naturaleza, pero nunca había pegado a nadie. Sus gritos retumbaban en las
paredes de las casa cercanas.
—¡Relájate, Adam! ¡Esto podría acarrearnos
consecuencias! ―Y aunque Arvo era más fuerte que Adam, este consiguió zafarse
de su agarre y se dispuso a arremeter contra Aleksi de nuevo.
El
rubio de ojos verdes ya estaba de pie, tapándose con una mano la nariz, de la
cual, brotaba un abundante hilo de sangre, apenas veía y le dolía la cabeza,
oía los gritos de Adam Hawke y le maldijo por haberle pillado desprevenido.
Aunque no le distinguía bien, notaba como se acercaba a él de nuevo, con
intención de acabar lo que había empezado, y, de forma instintiva, cerró los
ojos.
Adam
se detuvo, contrariado y cada vez más enfadado, su hermana se había interpuesto
entre él y el idiota de Aleksi.
—¡Quítate, Valo!
Ella
negó con la cabeza. Adam resopló.
—¡Que te apartes!
—No ―su voz sonó temblorosa y asustada.
Su
hermano le dio una patada al suelo mientras maldecía en voz alta; montones de
nieve salieron disparados hacia todos los lados. Arvo apareció detrás de Adam y
le agarró de los hombros, este se soltó bruscamente y se dio la vuelta,
dispuesto a irse, resoplando y maldiciendo por lo bajo. Arvo suspiró viendo
como Adam se alejaba, luego fijó su atención en su hermana y el chico que
estaba detrás de ella.
—Acompáñale a su casa ―dijo serio―, y no te
entretengas al volver.
Valo
asintió débilmente y Arvo se fue por donde había ido su hermano minutos atrás,
deteniéndose a recoger las pinzas que había dejado caer cuando sujetó a Adam.
La
chica se giró lentamente, aún no se creía lo que acababa de hacer. Aleksi la
miraba como si nunca la hubiera visto y eso la ruborizó; él sonreía cínica y
arrogantemente y Valo se sintió humillada y estúpida. Aleksi Ikonen siempre la
trataba mal, la insultaba a ella y a sus hermanos, se reía de ella cuando le
venía en gana y la consideraba inferior, porque su familia no tenía el poder
económico que tenía la suya, pero sin embargo, ella se había puesto delante de
él para que su enfurecido hermano no volviera a pegarle, le había defendido, y
ni siquiera fue capaz de decir un simple gracias,
como ella misma había hecho cuando estuvieron de nuevo en el pueblo.
—Será mejor que vayamos a tu casa ―dijo
susurrando y echando a andar―, no dejas de sangrar y no es bueno que pierdas
tanta sangre.
Él
se limitó a seguirla, sin decir nada y Valo agradeció su silencio. No había
nadie en la calle, la gente ya estaba en sus casas, no tardaría mucho en
anochecer. Cuando estaban llegando a la mansión de los Ikonen –era la casa más
grande de todo el pueblo–, Valo se detuvo y miró para atrás, el muchacho no
dejaba de sangrar y sus ojos verdes estaban enrojecidos.
—Ya hemos llegado.
Él
sonrió irónicamente.
—Que perspicaz eres, Hawke.
Valo
resopló.
—Bueno, pues entra, no has dejado de
sangrar desde que mi hermano te pegó.
—Tu hermano, Hawke —respondió tranquilo—,
es un salvaje, hasta mi perro está mejor enseñado que él.
La
rubia se puso colorada de rabia.
—¡Y tú eres un inmaduro y un idiota! ¡Si
estás así es porque te lo merecías! No tendría que haberme puesto entre medias,
tal vez, si hubiera tenido suerte, te podría haber dado en la boca,
cerrándotela durante una buena temporada.
Aleksi
la miraba divertido, la sangre caía por su boca y tenía los dientes manchados.
Ella se percató de que la miraba fijamente poniéndola nerviosa.
—¿Qué miras? ―dijo incómoda.
Encogió
los hombros.
—A ti.
—Te agradecería que dejaras de hacerlo y
que te metieras en tu casa.
Aleksi
se acercó a ella lentamente.
—¿Por qué?
—Porque quiero irme.
—Pues vete, yo no te estoy impidiendo que
te vayas.
Valo
resopló indignada y se dispuso a irse, pero al pasar por su lado, Aleksi la
agarró por una muñeca, cubriéndola de sangre y tirando de ella para juntarla a
él. La chica emitió un pequeño grito de sorpresa y chocó levemente contra el
pecho de Aleksi, este se limitó a sonreír y a acercarse lentamente para unir
sus labios con los de ella en un inesperado y suave beso. La sorprendida
muchacha tenía los ojos muy abiertos y forcejeaba, sin éxito, contra el chico,
quien la tenía fuertemente sujeta por la cintura y por la nuca. Ella no
comprendía nada, ¿por qué Ikonen la besaba? Se estaría riendo de ella seguro,
se dijo a sí misma.
Al
ver que ella no le correspondía, Aleksi decidió soltarla, la miró y luego se
dio la vuelta para adentrarse en su enorme casa; Valo se quedó muy quieta,
viendo como él se alejaba y se internaba por la puerta. Tenía la muñeca
izquierda, una parte de su abrigo –donde él había puesto la mano– y la boca
manchadas de sangre, de su sangre.
Sacudió la cabeza y se giró para volver a su hogar, más confusa que antes. Se
limpió lo mejor que pudo la mano y la boca, aunque no podría hacer nada con su
abrigo, si Adam se llegara a enterar de lo que había pasado entre ellos, se
enfadaría muchísimo y con razón, y ella no quería que su hermano estuviera
resentido con ella, no por alguien como Aleksi. ¿Desde cuándo era Aleksi y no
Ikonen? Suspiró, pensando en los sucesos del día. Pensar en ello le provocó un
fuerte dolor de cabeza, la curiosidad
mató al gato, pensó con amargura, y se sintió extrañamente identificada con
esa frase que tantas veces le había repetido su madre.
Unos
cascos aproximándose a ella la sacaron de su ensoñación, se giró y pudo
contemplar a un precioso caballo tordo que corría ágilmente por la roca
cubierta de nieve, seguramente estaría dando un paseo nocturno, para fastidio
de su amo, sonrió débilmente mientras veía como se alejaba.
Por
fin divisó su casa. Acortó la distancia corriendo, entrando de forma violenta
por la puerta. Al cruzar el umbral, no se dio cuenta de que alguien pasaba
justamente por ahí haciendo que se diera de bruces con un fuerte pecho, levantó
la mirada temerosa y se encontró con los ojos azules de su hermano Arvo, ella
le abrazó, sin saber muy bien por qué, pero se sintió reconfortada cuando notó
como él la estrechaba entre sus fuertes brazos.
—Has tardado mucho.
Valo
se aferró con más fuerza a él, pero no dijo nada.
—¿Te ha hecho algo ese indeseable? ―notó
como Arvo agarraba de su abrigo y ella temió que viera los restos de sangre.
—No.
—Bien. Madre quería verte. Ve con ella.
Los
hermanos se separaron y se miraron unos instantes, finalmente, Valo asintió, y,
quitándose el abrigo de forma apresurada, fue en busca de su madre. Seguramente
le echaría la bronca por haberla mentido.
La
encontró sentada en una vieja silla de mimbre, la mujer estaba remendando una
vieja túnica negra de su padre. Valo caminaba temblorosa.
—¿Querías verme?
Su
madre levantó la cabeza en dirección a ella, su rostro estaba inexpresivo, no
había rastro ni de enfado, ni de preocupación… De nada.
—Sí ―su voz retumbó en sus oídos―.
Siéntate.
Valo
se sentó rápidamente, agradeciendo que su madre le hubiera permitido sentarse,
porque no sabía cuánto tiempo iba a poder aguantar de pie.
—¿Dónde has estado esta tarde, hija?
Palideció.
Adam debía habérselo contado, en forma de venganza por haber defendido a
Ikonen.
—Dando una vuelta ―su voz era apenas un
suave susurro, pero su madre la entendió a la perfección.
—¿Y por qué me mentiste?
—Pensé que no me dejarías salir sola.
Annelise
cambió de postura, provocando que la silla crujiera levemente.
—¿Por qué creías eso?
La
rubia levantó la cabeza, encontrándose con los ojos azules de su madre.
—Era probable que nevara. Si aún no ha
caído ni un solo copo es que nevará esta noche.
—¿Seguro que era por eso?
—Sí.
Su
madre suspiró, irritada.
—Adam te vio ―Valo se puso tensa―, y al
muchacho de Mathias Ikonen. ¿Es que os veis a escondidas, Valo?
Valo
notó como el rubor subía a sus mejillas, recordando lo que había pasado antes
con Aleksi; de forma instintiva, se pasó la mano por la boca, asegurándose de
que no quedaran pruebas de su delito.
—No, madre. Fue una casualidad, me lo
encontré por ahí.
Un
crujido proveniente de la chimenea, desvió la atención de Annelise. No estaba
del todo segura de que su hija le hubiera dicho la verdad, más sin embargo, no
le insistiría, que su vástiga se viera con ese chico maleducado y prepotente
era poco probable.
—Está bien. Puedes irte ―dijo sonriendo.
Se
levantó y se fue todo lo rápido que pudo a su cuarto, necesitaba asimilar las
cosas que habían pasado ese día. Se tumbó bocabajo en su maltrecha cama y
suspiró, su primer beso había sido con Aleksi Ikonen, bueno, el primer beso que
le daba un chico fuera de la familia, a
ella; no sabía si sentirse asqueada o emocionada, al fin y al cabo era
Aleksi Ikonen, el hijo de Mathias Ikonen, un hombre calculador y frío, que
habituaba a despreciar a los demás habitantes de Sanum por no tener tanto
dinero como él, al igual que su hijo, aprovechaba cualquier oportunidad para
insultar o reírse del padre de los tres hermanos, por eso Adam odiaba tanto a
Ikonen y a su familia.
Adam
había estado enfadado todo el día, por la mañana discutió con Arvo, se quemó en
una pierna con una espada candente y para colmar el vaso, ve a su hermana
entrar en el pueblo con el idiota ese y no solo eso, sino que encima le
defiende, después de haberlos insultado. Miró su mano derecha, sus nudillos
estaban amoratados y la mano le dolía bastante, pero sonrió, pensando en que
Aleksi Ikonen había salido peor de su encuentro, así aprenderá a no reírse más
de él, si sus hermanos no hubieran llegado a estar… Le habría matado allí
mismo, pero claro, Arvo había actuado noblemente, sujetándole para que no
volviera a asestarle otro golpe y Valo se había puesto delante de él,
impidiendo que llegara hasta Aleksi. Resopló, enfadado, la actitud de su
hermano era más comprensible, pero la de Valo no, y quería saber por qué había
defendido a ese cabrón.
Caminó
hasta llegar a la pequeña habitación de su hermana menor, en el camino se había
dado con una mesa y le había dado una patada, partiéndole una de las patas.
Abrió la puerta de golpe, ¿para qué iba a tocar?
—¡Adam! ―gritó ella― ¿Quién te ha dado
permiso para que entres así? ―ella estaba completamente furiosa con él, no por
haber entrado así en su cuarto, sino porque recordó el golpe que le había dado
a Alek… Ikonen.
—¿Por qué has defendido hoy a Ikonen? ―dijo
Adam, ignorando completamente lo que ella le dijo.
Se
puso tensa. ¿Qué le diría a su hermano? Si ni siquiera ella sabía la respuesta.
—No lo sé ―se atrevió a decir. Adam cerró
los ojos y suspiró.
—¿Cómo que no lo sabes? ―aunque intentaba
aparentar calma, su voz sonó más grave de lo que le hubiera gustado y Valo se
estremeció.
—Pues eso Adam, no sé por qué lo hice ―se
empezaba a alterar―. Él me trajo de vuelta esta tarde, a lo mejor fue una forma
de agradecérselo.
Apretó
las manos. ¿Por qué Valo era tan inocente?
—¿Te has parado a pensar por qué te ha
salvado? ―Valo negó―. Me he fijado en él, hermana. Aleksi Ikonen no es un chico
de fiar. ¿No ves que solo quiere utilizarte, para reírse de nosotros?
Le
miró sorprendida y enfadada a partes iguales.
—Vete, Adam ―le dijo secamente.
—¡Vamos Valo! ¿No creerás que ese pueda
sentir algo más que asco por ti, no? ―dijo tranquilo―. Ikonen nunca se fijaría
en ti, al menos no de ese modo.
—¿Cómo estás tan seguro de eso? ―ahora sí
que estaba completamente furiosa―. ¿¡Tan horrible soy como para que ningún
chico pueda fijarse en mí!?
—¡Yo no he dicho eso! ―se defendió Adam.
—No ―cerró los ojos fuertemente y no los
abrió hasta haberse serenado un poco, intentando contener las lágrimas que
querían salir de sus azules ojos―. ¡Pero lo piensas! ―Y dicho aquello se
incorporó de la cama, dispuesta a echar a su hermano de ahí.
Una
vez fuera, Adam soltó una maldición sin percatarse de que su hermano lo había
escuchado todo.
—Deberías hablar con ella.
Adam
le fulminó con la mirada.
—No he dicho ninguna mentira y lo sabes
―dijo señalándole con el dedo índice―, no tengo nada más que decirle.
El
castaño se fue dando grandes zancadas, y, cuando estuvo seguro en su cuarto,
cerró dando un sonoro portazo.
Arvo
observó a su hermano alejarse por segunda vez en el día, movió la cabeza
negativamente, y dando un largo suspiro, siguió los pasos de Adam. Y ambos, se
dispusieron a dormir, sin saber que una chica rubia estaba llorando en el suelo
de su minúsculo cuarto, tras haber oído las hirientes palabras de una de las
personas más importantes de su vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario